lunes, 24 de febrero de 2020


2019




El año que paso fue un año diferente, siempre son diferentes, pero no siempre lo tenemos tan presente.

Y es que la cotidianidad no permite visibilizar las diferencias, cada día es diferente, cada momento lo es. Sin embargo se requieren grandes acontecimientos para ser conscientes de ello.

Siempre hay un año nuevo, un cumpleaños, un inicio de estudios o de trabajo, un fin de vacaciones. Es curioso, que tengamos tan marcado que el 2019 fue diferente, en el 2017 trabajamos como locos, en el 2018 viajamos por placer, fueron diferentes también, fue el impacto de lo que aconteció lo que remarca el calificativo de "diferente", algunos amigos y conocidos cuando nos dieron el feliz año al inicio de 2020, expresaban su deseo de que este año "sea bueno" porque el anterior fue "terrible", yo intento cambiar esos calificativos y lo llamo de "transición".

Porque la vida nos cambió. La vida como la conocíamos, cambió; se da por hecho, a pesar de saber que no es así, que siempre van a estar, que están sanos, que están para nosotros, y es entonces cuando la realidad nos asalta y sin aviso (o con el, pero nos hacemos los sordos), nos da el golpe y de repente, se enferman o se van.

Es la transición de escuchar la voz de mi padre al otro lado de la linea diciendo "Hola hija como estas" a saber que ahora lo escucho con el corazón y en los recuerdos y los sueños.

Lo diferente que se siente llamar y poder hablar con mi mamá, a tener que llamar a mis hermanos a preguntar "como amaneció hoy".

Saber que las celebraciones familiares cambiaron, que aprendimos a manejar términos médicos antes ajenos, que ahora existe una constante incertidumbre, un pequeño sobresalto cuando suena el teléfono, que todavía faltan noches y amaneceres de llantos y nostalgias.

La vida sigue siendo bella y hay que vivir con alegría, nos hacemos mas conscientes de cada día y aprendemos a valorar cada experiencia, cada momento. La vida cambia, la vida se acaba, la nuestra, la de los nuestros. 

A vivir, que es ahora!

lunes, 28 de octubre de 2019


DON GUILLO!




Por donde empezar?
Ha pasado casi un mes y me doy cuenta que no he escrito nada al respecto.

He estado tan ocupada siendo fuerte y serena, que no he procesado realmente tu partida.

Es hora de darle rienda suelta al sentimiento.

Estuviste presente durante los 60 años que llevo de vida, me dicen que esperé a que te fueras a la casa para nacer y hacerte regresar corriendo.


De mis primeros años no tengo recuerdos propios, solo lo que me cuentan y algunas imágenes vagas estando en una cuna y viendo venir a mi mamá a darme un perrito café que todavía anda por ahí. 

He ido buscando imágenes y recuerdos, a veces llegan a chorros, otras se escapan y confunden tiempos, lugares, vivencias.

Bogotá, Girardot, La Dorada, Salgar, Bucaramanga, Chia, Barranquilla, La Mina, Paipa, Oiba, Girón, San Gil, Miami, Panamá, México, Oaxaca, Guadalajara, Puebla, Cancún, Madrid, Burdeos, París, Londres, Bruselas, Roma, Milán, Florencia, Napoles, Montecarlo, Barcelona, Granada, Buenos Aires, San Agustín, Armenia, Cartago, Medellin, Villa de Leyva.

A los quince, a los treinta, siempre....


Me regalaste el gusto por viajar, los domingos se escuchaban valses y polkas, y siempre fue un gozo verte disfrutando un sancochito o unas morcillitas, y en los ultimos años verte preparar el desayuno y el cafecito de la noche.


Todas las celebraciones y fechas, que no falte la torta.


Mi foto favorita!



Ni se que decir, tantos momentos, tantos sentimientos, solo puedo pensar en palabras como amor y gracias.

Agradezco al universo que tu partida fue como fue, y aun cuando el vacío apenas comienza, se que encontraré la serenidad y la alegría para recordarte sin lágrimas, sabiendo que estas ahí.





miércoles, 27 de febrero de 2019



"La 48"



En cada familia suele existir una casa materna, la casa de la abuela, o la finca de la familia, ese sitio que en nuestra infancia era el lugar de reunión en las fiestas o a donde íbamos de visita, de la mano de mamá.

Cuando yo nací mi abuela materna había fallecido años atrás, pero estaba la “tía María”, de alguna forma era la abuela, pues fue en realidad ella quien crió a mi mamá y a mi tía Ana, toda vez que según me contaban la abuela Saturia estuvo enferma desde siempre.

Así que cuando yo era niña, tomábamos el troli y nos íbamos a visitar a la Tía María, la casa en ese entonces me parecía enorme, siempre recuerdo la escalera de madera subiendo hasta el infinito y tenía muchos cuartos, y en patio al que jamás entré unos perros grises grandes que siempre ladraban cuando entrabamos por el garaje, y que subíamos a mirar desde una terraza a la que se salía por uno de los cuartos del segundo piso.

Cuando se referían a esa casa, siempre hablaban de  “la 48”, por la calle en que está ubicada, mis papás siempre recuerdan las fiestas de la 48, las cenas navideñas de la 48, que en la 48 era donde se encontraba mi papá con los primos para ir al Campín, de cuando vivieron al lado de la 48, en fin, aún hoy en día para preguntar acerca de la familia, se dice que sabemos de la 48.

Hace unos cuatro años, estando en Bogotá viajando con mis padres, fuimos a visitar la 48, ellos querían saludar a la prima Ligia, que vivía allí con sus hijas.

Al entrar, salvo que el color de la pintura de la reja era distinto al que recordaba, sentí que en esa casa el tiempo se había detenido, la misma escalera de madera, claro que ya no me pareció enorme, los mismos muebles, los mismos cuadros, el mismo jarrón grande de metal en medio de la sala.

Para todos había pasado el mismo numero de años desde la última vez que estuve en esa casa, todos habíamos envejecido ese numero de años, algunos más benévolamente que otros, pero los muebles y cuadros y el jarrón eran exactamente los mismos, creo que hasta el aire era el mismo de antes, solo cuando la nueva generación hizo su arribo a la sala, los hijos de Ligia que con sus hijos llegaron a saludar a mis padres, el aire se movió un poco, nos contaron historias nuevas y se hizo una mezcla curiosa de vida joven en un tiempo viejo.

Ayer nos llegó la noticia de que Ligia falleció. 

No puedo evitar preguntarme, que será de esa casa ahora, en el barrio invadido por modernos edificios de apartamentos que han ido cambiando el paisaje urbano, me pregunto, si con la prima, también se irán los muebles, los cuadros y hasta el jarrón y el tiempo detenido se irá detrás de los que ya se fueron.  No puedo evitar pensar en que, ese lugar, se irá para siempre.

domingo, 23 de diciembre de 2018



Y, EN DONDE HE ESTADO?

Hace mucho no escribo ni comparto nada en este espacio, ha sido más de un año, durante el cual  un ciclón llamado trabajo, me ha dejado sin mucho tiempo para estas actividades.

Es hora de retomar, pero cada vez que decido sentarme a escribir, algo externo me aleja, me distrae.

La verdad este ha sido un año atípico, trabajo, viajes, temas de salud, un carrusel que me ha llevado de la satisfacción a  la incógnita y de la felicidad y el goce a la incertidumbre y tristeza.

La reflexión es que necesitamos los contrastes para valorar en su verdadera dimensión todas las experiencias, y el universo se asegura de hacernos escuchar los mensajes que muchas veces pasamos por alto


domingo, 11 de septiembre de 2016

Estoy donde quiero estar!


 Hace un par de tardes estaba trabajando en mis diseños y a la hora de salir a recoger y alimentar los animales de la finca, de regreso a la casa desde la zona del futuro bosque, (proyecto que me hace soñar), al levantar los ojos al cielo, la luz de la tarde sobre los árboles era perfecta.

Los atardeceres de creciente suelen ser muy hermosos.

Tomé algunas fotos con el celular, pero luego fuí en busca de la cámara para hacer mejores imágenes, aunque en realidad hace tiempo decidí que existen momentos sólo para los ojos y el alma, esta vez quise capturar algunos instantes para compartir.

Estuve afuera, recorriendo la finca mirando al cielo, viendo como bailaban las nubes y las luces al caer la tarde, hice muchas imágenes, me detuve a gozar solo el ver como cada instante cambiaba el color o la forma de las nubes o como se entretejian los ultimos rayos de luz entre las hojas de los árboles y en un
momento indeterminado pensé con alegría y agradecimiento: estoy en el lugar correcto, en el momento correcto.

GRACIAS UNIVERSO!!!!!!

viernes, 2 de septiembre de 2016

Extraña soledad!!

Me sucedió hace unos días mientras volaba de Bogotá a Barranquilla, siempre que es posible elijo el puesto de la ventanilla, en ese trayecto, con buen tiempo y algo de suerte puedes tener una linda vista de la Sierra Nevada de Santa Marta, ya me ha pasado, aun cuando nunca he podido obtener una foto, pero como digo siempre, existen momentos solo para disfrutar, que los fotografíen otros.

Como acostumbro reservé en ventanilla, pero quiso la casualiad que me solicitaran cambiar de asiento porque una mamá y su niña quedaron separadas, no suelo cambiarme de puesto por no se qué aguero, pero esta vez acepté, solo que la nueva ubicación era en la silla del medio y en fila de salida de emergencia.

Si soy sincera, es cómoda esa fila porque hay más espacio entre tu silla y la de adelante, que como además no pueden reclinar el espaldar, tienes todo el campo para ti. Me asombra lo extraño que sentí disponer de tanto espacio en un avión; nos dieron unas instrucciones muy generales y nos pidieron que revisaramos una tarjeta donde se explicaba el funcionamiento de la puerta de emergencia, creo que la unica de las 3 pasajeras de la fila que escuchó lo que dijo el azafato fui yo, a el no le importó mucho, creo que tenian prisa por cumplir con todos los protocolos y revisiones para despegar pronto, pues habiamos tenido un retraso por la revisión de no se que, de repente sentí que si algo pasaba yo tendria que actuar y ahí me di cuenta que no tenía conmigo mis gafas de leer, como rayos iba a seguir las instrucciones de marras para operar la puerta si los textos e ilustraciones parecían fantasmas bailarines ante mis ojos. Y pensé para mí, por que siempre me meto en estos líos sin querer. 

Y durante una hora larga de vuelo, mientras mi compañera de la izquierda leía y releía las revistas y de vez en cuando se levantaba y buscaba algo en el maletero y la chica de la derecha fotografiaba hasta el café que nos ofrecieron, yo me sentí atrapada en una suerte de soledad y desamparo, privada del relax que me produce observar el paisaje del cielo, pero más que nada con una extraña sensación que aún hoy no puedo ni describir ni explicar.

martes, 17 de mayo de 2016


El derecho a la tristeza, el llanto y por qué no hasta a la rabia.




Compartí hace unos días una de esas notas de apoyo a quienes luchan cada día con un cáncer, contrario a otras notas que hacen énfasis en la fortaleza y la solidaridad, esta hacia referencia a lo duro y triste que es la situación tanto para el enfermo como para su familia o quienes le acompañan.

Recibí un par de observaciones de personas a quienes les pareció demasiado duro y afirmaban que preferían concentrarse en lo positivo.

Eliminé la entrada porque pensé  que sin querer había herido sentimientos, pero el asunto siguió dando vueltas en mi cabeza.

Y es que  pienso que a quienes pasan por un duro momento, en muchas ocasiones les castran el derecho a llorar, "tienes" que ser fuerte, les dicen, "esto hay que superarlo con fortaleza y coraje", apuntan otros; y es cierto, se debe tener fortaleza y coraje, pero no es prohibido sentir tristeza y llorar, el llanto cura, deja salir la tristeza y alivia el espíritu. Esas gotas que lavan amarguras y clarifican el alma.

 El no llorar, el no permitirse la tristeza, puede llevar a una persona a sucumbir, a enfermar; esa muralla de aparente fortaleza que no deja fluir los sentimientos termina rompiéndose igual que un dique ante la fuerza del agua.

No digo que no luchen, que se rindan, lo que digo es que la tristeza y el llanto son un derecho;  ejercerlo no nos hace menos fuertes, al contrario,  nos da el equilibrio para afrontar las duras pruebas que en ocasiones nos pone la vida.