martes, 17 de mayo de 2016


El derecho a la tristeza, el llanto y por qué no hasta a la rabia.




Compartí hace unos días una de esas notas de apoyo a quienes luchan cada día con un cáncer, contrario a otras notas que hacen énfasis en la fortaleza y la solidaridad, esta hacia referencia a lo duro y triste que es la situación tanto para el enfermo como para su familia o quienes le acompañan.

Recibí un par de observaciones de personas a quienes les pareció demasiado duro y afirmaban que preferían concentrarse en lo positivo.

Eliminé la entrada porque pensé  que sin querer había herido sentimientos, pero el asunto siguió dando vueltas en mi cabeza.

Y es que  pienso que a quienes pasan por un duro momento, en muchas ocasiones les castran el derecho a llorar, "tienes" que ser fuerte, les dicen, "esto hay que superarlo con fortaleza y coraje", apuntan otros; y es cierto, se debe tener fortaleza y coraje, pero no es prohibido sentir tristeza y llorar, el llanto cura, deja salir la tristeza y alivia el espíritu. Esas gotas que lavan amarguras y clarifican el alma.

 El no llorar, el no permitirse la tristeza, puede llevar a una persona a sucumbir, a enfermar; esa muralla de aparente fortaleza que no deja fluir los sentimientos termina rompiéndose igual que un dique ante la fuerza del agua.

No digo que no luchen, que se rindan, lo que digo es que la tristeza y el llanto son un derecho;  ejercerlo no nos hace menos fuertes, al contrario,  nos da el equilibrio para afrontar las duras pruebas que en ocasiones nos pone la vida.