Me sucedió hace unos días mientras volaba de Bogotá a Barranquilla, siempre que es posible elijo el puesto de la ventanilla, en ese trayecto, con buen tiempo y algo de suerte puedes tener una linda vista de la Sierra Nevada de Santa Marta, ya me ha pasado, aun cuando nunca he podido obtener una foto, pero como digo siempre, existen momentos solo para disfrutar, que los fotografíen otros.

Como acostumbro reservé en ventanilla, pero quiso la casualiad que me solicitaran cambiar de asiento porque una mamá y su niña quedaron separadas, no suelo cambiarme de puesto por no se qué aguero, pero esta vez acepté, solo que la nueva ubicación era en la silla del medio y en fila de salida de emergencia.
Si soy sincera, es cómoda esa fila porque hay más espacio entre tu silla y la de adelante, que como además no pueden reclinar el espaldar, tienes todo el campo para ti. Me asombra lo extraño que sentí disponer de tanto espacio en un avión; nos dieron unas instrucciones muy generales y nos pidieron que revisaramos una tarjeta donde se explicaba el funcionamiento de la puerta de emergencia, creo que la unica de las 3 pasajeras de la fila que escuchó lo que dijo el azafato fui yo, a el no le importó mucho, creo que tenian prisa por cumplir con todos los protocolos y revisiones para despegar pronto, pues habiamos tenido un retraso por la revisión de no se que, de repente sentí que si algo pasaba yo tendria que actuar y ahí me di cuenta que no tenía conmigo mis gafas de leer, como rayos iba a seguir las instrucciones de marras para operar la puerta si los textos e ilustraciones parecían fantasmas bailarines ante mis ojos. Y pensé para mí, por que siempre me meto en estos líos sin querer.
Y durante una hora larga de vuelo, mientras mi compañera de la izquierda leía y releía las revistas y de vez en cuando se levantaba y buscaba algo en el maletero y la chica de la derecha fotografiaba hasta el café que nos ofrecieron, yo me sentí atrapada en una suerte de soledad y desamparo, privada del relax que me produce observar el paisaje del cielo, pero más que nada con una extraña sensación que aún hoy no puedo ni describir ni explicar.