domingo, 11 de septiembre de 2016

Estoy donde quiero estar!


 Hace un par de tardes estaba trabajando en mis diseños y a la hora de salir a recoger y alimentar los animales de la finca, de regreso a la casa desde la zona del futuro bosque, (proyecto que me hace soñar), al levantar los ojos al cielo, la luz de la tarde sobre los árboles era perfecta.

Los atardeceres de creciente suelen ser muy hermosos.

Tomé algunas fotos con el celular, pero luego fuí en busca de la cámara para hacer mejores imágenes, aunque en realidad hace tiempo decidí que existen momentos sólo para los ojos y el alma, esta vez quise capturar algunos instantes para compartir.

Estuve afuera, recorriendo la finca mirando al cielo, viendo como bailaban las nubes y las luces al caer la tarde, hice muchas imágenes, me detuve a gozar solo el ver como cada instante cambiaba el color o la forma de las nubes o como se entretejian los ultimos rayos de luz entre las hojas de los árboles y en un
momento indeterminado pensé con alegría y agradecimiento: estoy en el lugar correcto, en el momento correcto.

GRACIAS UNIVERSO!!!!!!

viernes, 2 de septiembre de 2016

Extraña soledad!!

Me sucedió hace unos días mientras volaba de Bogotá a Barranquilla, siempre que es posible elijo el puesto de la ventanilla, en ese trayecto, con buen tiempo y algo de suerte puedes tener una linda vista de la Sierra Nevada de Santa Marta, ya me ha pasado, aun cuando nunca he podido obtener una foto, pero como digo siempre, existen momentos solo para disfrutar, que los fotografíen otros.

Como acostumbro reservé en ventanilla, pero quiso la casualiad que me solicitaran cambiar de asiento porque una mamá y su niña quedaron separadas, no suelo cambiarme de puesto por no se qué aguero, pero esta vez acepté, solo que la nueva ubicación era en la silla del medio y en fila de salida de emergencia.

Si soy sincera, es cómoda esa fila porque hay más espacio entre tu silla y la de adelante, que como además no pueden reclinar el espaldar, tienes todo el campo para ti. Me asombra lo extraño que sentí disponer de tanto espacio en un avión; nos dieron unas instrucciones muy generales y nos pidieron que revisaramos una tarjeta donde se explicaba el funcionamiento de la puerta de emergencia, creo que la unica de las 3 pasajeras de la fila que escuchó lo que dijo el azafato fui yo, a el no le importó mucho, creo que tenian prisa por cumplir con todos los protocolos y revisiones para despegar pronto, pues habiamos tenido un retraso por la revisión de no se que, de repente sentí que si algo pasaba yo tendria que actuar y ahí me di cuenta que no tenía conmigo mis gafas de leer, como rayos iba a seguir las instrucciones de marras para operar la puerta si los textos e ilustraciones parecían fantasmas bailarines ante mis ojos. Y pensé para mí, por que siempre me meto en estos líos sin querer. 

Y durante una hora larga de vuelo, mientras mi compañera de la izquierda leía y releía las revistas y de vez en cuando se levantaba y buscaba algo en el maletero y la chica de la derecha fotografiaba hasta el café que nos ofrecieron, yo me sentí atrapada en una suerte de soledad y desamparo, privada del relax que me produce observar el paisaje del cielo, pero más que nada con una extraña sensación que aún hoy no puedo ni describir ni explicar.

martes, 17 de mayo de 2016


El derecho a la tristeza, el llanto y por qué no hasta a la rabia.




Compartí hace unos días una de esas notas de apoyo a quienes luchan cada día con un cáncer, contrario a otras notas que hacen énfasis en la fortaleza y la solidaridad, esta hacia referencia a lo duro y triste que es la situación tanto para el enfermo como para su familia o quienes le acompañan.

Recibí un par de observaciones de personas a quienes les pareció demasiado duro y afirmaban que preferían concentrarse en lo positivo.

Eliminé la entrada porque pensé  que sin querer había herido sentimientos, pero el asunto siguió dando vueltas en mi cabeza.

Y es que  pienso que a quienes pasan por un duro momento, en muchas ocasiones les castran el derecho a llorar, "tienes" que ser fuerte, les dicen, "esto hay que superarlo con fortaleza y coraje", apuntan otros; y es cierto, se debe tener fortaleza y coraje, pero no es prohibido sentir tristeza y llorar, el llanto cura, deja salir la tristeza y alivia el espíritu. Esas gotas que lavan amarguras y clarifican el alma.

 El no llorar, el no permitirse la tristeza, puede llevar a una persona a sucumbir, a enfermar; esa muralla de aparente fortaleza que no deja fluir los sentimientos termina rompiéndose igual que un dique ante la fuerza del agua.

No digo que no luchen, que se rindan, lo que digo es que la tristeza y el llanto son un derecho;  ejercerlo no nos hace menos fuertes, al contrario,  nos da el equilibrio para afrontar las duras pruebas que en ocasiones nos pone la vida.