viernes, 13 de diciembre de 2013

EL MEJOR REGALO DE TODAS MIS NAVIDADES






Con el corazón retumbando aceleradamente en mi pecho  y las manos temblorosas, doy brinquitos nerviosos y me pregunto: lo cuento o me lo guardo solo para mí?
Pero, si no lo cuento, sería ser egoísta y eso es portarse mal!
Seguro que no me van a creer y ellos hasta se van a reír de mí y tengo mucha felicidad para pelear ahorita, además en la noche de navidad una no puede pelearse con los hermanos.
Eso sería portarse mal!
No puedo portarme mal, y menos después de esto,  tomo valor y con paso decidido busco a Alfre, él siempre me hace caso, pero no esta vez, le cuento con detalle y emocionada, lo dicho, se ríe, y me dice: no seas tonta estás imaginando cosas, en lugar de andar inventando ven al patio con todos, que van a prender lucecitas.
Yo insisto, no lo dejo salir,  le digo, es cierto! Vamos a mirar otra vez, con ademán de paciencia me acompaña, pero no vemos nada; te das cuenta, dice Alfre, estás imaginando, ya déjate de tonterías y vamos al patio, se van a acabar las luces y nos van a regañar por andar curioseando adentro, mami dijo que debíamos estar todos afuera.
No me resigno, hago como que lo acompaño, pero me devuelvo y atisbo de nuevo en la penumbra.
Ahí está, SI, es cierto!!!
He sido elegida, debo haberme portado muy bien este año, para tenerlo solo para mí.
Alfre no lo ve por incrédulo, porque tiene mucha prisa de ir al patio, que luces ni qué luces, esto es mucho mejor.
Finalmente voy al patio, donde todos están esperando que sea media noche y mi mamá de vía libre para entrar a mirar los regalos, que ya debieron aparecer bajo el árbol.
Nadie sabe porque mi sonrisa está tan grande e iluminada y me veo más contenta que todos.
Cuando finalmente entramos a abrir los regalos, el mío es una enorme muñeca con traje blanco de bailarina, tiene los ojos café y una bonita sonrisa. Cuando la recibo, Alfre me dice al oído, eso fue lo que viste: la muñeca, y se ríe burlón.
Yo alcanzo a dudar, será que en realidad en medio de las sombras mis ojos dibujaron fantasías, pero no, estoy convencida que en realidad, en la penumbra de la sala, cuando entré a lavar mis manos, vi al mismísimo Niño Dios rondando nuestro árbol de navidad.
Y aunque estoy feliz con mi hermosa muñeca,  siento que el mejor regalo es ese que nadie más en la casa  vio, porque era solo para mí y  lo voy a guardar en mi corazón toda la vida, así como la imagen del bello rostro de mi mami inclinada sobre el librito leyendo la novena cada noche en tiempo de navidad.